Comer, convivir y crecer: el valor educativo del comedor escolar

El comedor escolar es mucho más que un espacio donde se come. Es algo vivo, en conexión con lo que pasa en las clases, donde prima el aprendizaje y donde se crean momentos que forman parte del día a día de nuestro alumnado. Este comedor no es solo un “servicio”; es una experiencia educativa completa.
Durante dos horas, los niños y niñas se mueven en un ambiente distinto al del aula, donde se comparten conversaciones, se descubren sabores nuevos, se explora y se disfruta del juego y, sobre todo, al estilo Spínola.
¿A qué huele? ¿Qué es esto?
Cada día, al pasear por las primeras plantas del cole, se despierta el sentido del olfato transformado en un sonoro “¡Qué bien huele!” o “Huele a comida”, llegando en ocasiones a identificarse de qué plato se trata. Reconocer en nuestro cole olor a comida nos hace sentir como en casa. Además, nuestro alumnado señala que “la comida está buenísima”.

En el comedor, nuestro alumnado se atreve a descubrir nuevos alimentos que no conocían y deciden, con plena libertad, si les gustan o no. A veces llegan convencidos de que no podrán con algún menú, y terminan sorprendiéndonos… como cuando, sin darse cuenta, ¡se comen toda la lechuga del plato!
Así aprenden a escuchar su cuerpo, a respetar su ritmo y proceso, a disfrutar de la comida sin prisas, a relacionarse con ella de forma sana y natural, y además en la compañía de sus amigos y amigas. Comer también es crecer.
Jugamos, creamos, convivimos
¿Qué ocurre después de comer? El espacio se transforma, donde la imaginación y la convivencia toman el protagonismo. El alumnado lo describe como «un momento de diversión porque los profes y seños nos hacen juegos, nos preparan cosas, tenemos tiempo libre, y nos gusta”. Y es que en este tiempo, ellos deciden, inventan, exploran y comparten.

Los juegos dirigidos ayudan a que se relacionen entre etapas, aprendan a respetar normas y descubran nuevas formas de colaborar. Los juegos libres les permiten crear mundos propios, negociar reglas y disfrutar de la libertad de elegir.
Los mayores lo resumen de otra manera: “Es un momento de descanso”, del aula, de las tareas y exámenes; un espacio donde pueden ser ellos mismos, convivir y desconectar.
El crecimiento personal e íntegro de nuestro alumnado es el motor y a la vez el destino. Esto nos lleva a trabajar cada día para que el comedor escolar sea un espacio que también construye escuela.
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